9 consejos infalibles para la primera semana con el bebé en casa

¡Enhorabuena mami! Sobreviviste al embarazo, diste a luz a una criaturita y has vuelto a casa sana y salva. Te preguntarás: ¿y ahora qué? Los recién nacidos no vienen con manual incluido, pero cuidar de tu bebé será más fácil de lo que crees y, en pocas semanas, te volverás experta en la materia. ¡Estos consejos te servirán de ayuda!

Después de dar a luz a mi bebé me sentía en las nubes. Duerme como un angelito, pensé mientras miraba cuando la enfermera lo alzaba con total confianza para cambiarle el pañal y yo elegía algo para comer del menú de la cafetería del hospital.

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24 horas más tarde estábamos ya en casa, pero la escena era diferente. Imagínate: yo haciendo piruetas con un pañal en la mano mientras el bebé gime y llora sin parar. Miles de libros sobre maternidad apilados en la habitación como telón de fondo y sus autores exhibiendo una enorme sonrisa reconfortante. Y en mi cabeza el siguiente pensamiento: no tengo ni la menor idea de lo que estoy haciendo.

Cuidar del recién nacido durante su primera semana de vida es como correr una maratón cuando no has entrenado desde hace meses. No te preocupes; solo necesitas algunos consejos infalibles y un poco de práctica.

9 consejos infalibles para la primera semana con el bebé en casa

1. Establece una rutina

Establecer rutinas es de crucial importancia, aunque no sea precisamente lo primero que quisieras hacer. El recién nacido tiene cuatro necesidades básicas; comer, dormir, ensuciar el pañal y, por último, jugar. Existen tantas rutinas como bebés, pero lo fundamental es encontrar la que más os convenga a los dos.

Presta especial atención al ritmo natural del bebé con la ayuda de alguna aplicación o toma nota en un cuaderno. ¿Cada cuánto le das el pecho o el biberón? ¿Cómo son sus patrones de sueño? ¿Cuántos pañales cambias al día?

Después de unos días verás un patrón en los hábitos del bebé y podrás establecer horarios con los que ambos os sintáis cómodos. No se trata solamente de poner orden a tu vida diaria junto al bebé, sino de saber interpretar sus necesidades cada vez que llora.

2. Lactancia sin dolor

La lactancia es la forma más natural y sencilla de alimentar al bebé. Sin embargo, puede ser muy complicada. Amamantar por primera vez en casa y sin la asistencia de un profesional experto puede convertirse en un verdadero desafío.

Te recomendamos elegir un lugar cómodo y agradable donde tu bebé y tú estéis tranquilos y podáis concentrarse en la lactancia. Ten siempre agua a mano. Prepara una almohada de lactancia o siéntate en una silla cómoda que te sirva de apoyo. Para un buen agarre al amamantar, la barriguita del bebé debería estar siempre frente a la tuya y su nariz contra tu pezón. Precisamente como sucede en la adquisición de toda aptitud, la clave está en la práctica.

Ten paciencia mientras encontráis la posición más adecuada para ambos. Habla con alguna mamá o con un consejero de lactancia profesional en caso de necesitar ayuda. Si tu bebé toma el biberón, opta por un lugar tranquilo, cómodo y agradable para ambos. La leche materna o maternizada tiene que bajar por la tetilla, pero no demasiado rápido. Así sabrás que es la posición correcta y el bebé recibe suficiente leche. El bebé tiene que poder tomar y hacer pausas para eructar o acomodarse cuando lo necesite.

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Recuerda, el llanto del bebé se calma con un eructo o un gas. ¡Y bebé feliz!

3. Hacer eructar al bebé

Los gases. ¡Qué tema! Seguramente nunca se te ocurrió pensar en cómo se producen los gases en el cuerpo hasta ahora. Bueno, ¡pronto serás una experta! El bebé necesita eructar para sacar el aire que acumula durante las tomas.

Sostén al bebé sobre tu hombro y dale palmaditas, o siéntalo en tus rodillas, sostén cuidadosamente la cabecita y el cuello con una mano mientras le das palmaditas en la espalda con la otra. Utiliza una toallita para proteger la ropa en caso de que regurgite.

Si notas que está incómodo porque no logra aliviar los gases, colócalo boca arriba y flexiona cuidadosamente sus piernas una y otra vez. También puedes flexionar sus piernas sobre el abdomen y moverlas haciendo círculos. Recuerda, el llanto del bebé se calma con un eructo o un gas. ¡Y bebé feliz!

4. Enfrentarse al pañal

Las primeras heces del bebé son el meconio. Se trata de una sustancia pegajosa, de color verde oscuro y similar al alquitrán, pero casi inodoro, que contiene lo que el bebé ha digerido en el vientre materno (¡un asco, lo sé!). Cuando comience a tomar la teta o el biberón, el color será diferente; amarillo, verde o marrón. Normalmente las heces tendrán un aspecto granulado, blando o un tanto más compacto. Consulta a tu médico si son rojas, duras o si el bebé tiene diarrea.

Por lo general, el recién nacido moja seis pañales al día. Asegúrate siempre de que el bebé esté bien hidratado. El pis debe ser claro o de color amarrillo claro. Habla con el médico si notas que es de color anaranjado oscuro.

5. El primer baño

Una vez que se le haya caído el cordón umbilical (aproximadamente entre 7 y 10 días postparto), podrás bañarlo por primera vez. Mientras tanto aséalo sin tocar el cordón. Te aconsejamos que tengas todo lo necesario a mano antes de entrar al baño con el bebé.

La temperatura ambiente tiene que ser cálida y agradable. Llena la bañera del bebé con agua caliente. Prueba la temperatura con la muñeca o el codo para asegurarte de que no esté ni demasiado fría ni demasiado caliente. Báñalo con delicadeza y únicamente con jabón para bebés o jabón sin perfume. Para la cara y los ojitos será suficiente con utilizar una toallita limpia y un poco de agua.

Al final, sácalo de la bañera y envuélvelo en una toalla caliente. Nunca lo dejes solo en la bañera. Y no pierdas las esperanzas si a tu bebé no le gusta el agua. ¡A veces se necesita simplemente práctica antes de que el baño se transforme en el mejor momento del día!

Un recién nacido duerme hasta 20 horas al día, por lo general entre una y cuatro horas cada vez.

6. El día y la noche

El bebé necesita desarrollar su ritmo circadiano y aprender a diferenciar el día de la noche. Tú lo puedes ayudar. Por la mañana abre las cortinas, pon música suave y háblale. A la hora de la siesta o antes de ir a la cama, cierra las cortinas y crea un espacio tranquilo y agradable para el bebé. Mecerlo y calmarlo ayuda también a que concilie el sueño.

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7. Aprovecha a dormir

Un recién nacido duerme hasta 20 horas al día, por lo general entre una y cuatro horas cada vez. Si puedes, aprovecha y duerme al mismo tiempo. Pero si eres de las que les resulta difícil quedarse dormida, intenta si puedes que tu pareja o algún ser querido se quede con el bebé para que tú puedas descansar. Si le estás dando el pecho, lo más práctico es que te levantes tú por las noches, pero quizás alguien pueda ayudarte y quedarse con el bebé por las mañanas para que tú duermas durante los primeros días, y después también.

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8. Consulta al médico

No dudes en consultar al médico si es necesario. El pediatra está acostumbrado a recibir llamadas, mensajes de texto y correos de padres primerizos preocupados. No sientas vergüenza de hacerlo tú también durante la primera semana si tu bebé tiene fiebre, está enfermo o si algo te preocupa. La respuesta del médico te dejará más tranquila que pasarte horas buscando ansiosa respuestas en Google.

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9. Cuídate para poder cuidarlo

Dar a luz es un proceso maravilloso, transformador y físicamente agotador. Con o sin cesárea, sufrirás dolor, molestias, sangrado e irritación. Contar con tu pareja o un ser querido que se pueda ocupar del bebé mientras aprovechas para ducharte, dormir una siesta o alimentarte adecuadamente es esencial para tu recuperación. El cuidado personal de la mamá primeriza no es un lujo, es una necesidad. Si te cuidas correctamente, podrás ocuparte de manera adecuada de tu bebé durante los primeros días, las primeras semanas y el resto de tu vida.

Kaelyn Forde

Kaelyn Forde es madre, periodista e instructora de yoga. Escribe sobre la maternidad y enseña yoga a madres primerizas con sus bebés en Nueva Jersey.