Padre de 3 hijas: La curva exponencial de cambios de la vida

¿Tiene la vida un aspecto diferente según cuántos hijos tengas? Mikael, padre de 3 hijas, ve las cosas con claridad y describe cómo funciona la curva exponencial de cambios en relación a la cantidad de hijos.

Revista BABYBJÖRN – Padre de 3 hijas y la curva exponencial de cambios de la vida.
La curva de cambios se percibe con claridad.

Recuerdo que estaba nervioso por el cambio antes de animarnos a tener hijos. A posteriori me he dado cuenta de que uno nunca está preparado. No de verdad. Cuando se tiene una vida relativamente estable (amor, educación, economía, etc.) no se puede esperar al momento perfecto.

Ese mítico cambio resulta además bastante natural en el contexto, y personalmente no conozco a nadie que mire atrás y se arrepienta de haber abandonado una vida de sofá y alguna resaca matutina.

A posteriori me he dado cuenta de que uno nunca está preparado. No de verdad.

Lo que por otra parte podría resultar una sorpresa es cómo funciona la curva exponencial de cambios en relación con la cantidad de hijos. Por eso, he intentado resumirlo todo en cuatro puntos vitales (generalizando mucho):

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El primer hijo

El primer hijo supone un cambio radical en tu vida cotidiana, y el mundo se pone patas arriba; es un cambio de 180 grados, como mínimo. Es como cuando te atacan las fuerzas de la naturaleza y aunque te hayan hecho algunos pronósticos es imposible prepararse del todo. De pronto, resulta que la perfecta formación de los padres ha dejado mucho que desear.

Por ejemplo, el hecho de que el pequeño “grupo de apoyo” ofrecido por la asistencia sanitaria resulta ser un grupo de personas de lo más aleatorio, con un único denominador común: que decidieron intimar más o menos al mismo tiempo.

Personalmente no me atrevería a confiar del todo en una persona hasta que haya educado por lo menos a un hijo hasta la rebelde edad de 3 años.

Bastante pronto, uno se da cuenta de que la mayoría de las cosas es casi como antes. Aparte de que uno nunca más va a ser lo más importante en ninguna situación. Tanto los padres como los amigos se ofrecen con mucho gusto para hacer de canguro, pero principalmente, todos quieren seguirte viendo.

El cambio social es en cierta medida cuestión de uno mismo, y la penitencia de noches en vela, horas de llanto inconsolable, cambios de pañal y otras situaciones desagradables resultan tener un efecto extremadamente curtidor. Sencillamente, uno se vuelve duro e impasible, lo quieras o no, y pronto cosechas los frutos como una persona más fuerte.

Personalmente no me atrevería a confiar del todo en una persona hasta que haya educado por lo menos a un hijo hasta la rebelde edad de 3 años.

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El segundo hijo

Con el segundo hijo, habrás logrado formar la clásica “familia perfecta”. Como las leyes de atención infantil de Suecia dictan que un padre que no trabaja tiene derecho a solo 15 horas de guardería por semana, la baja de paternidad lamentablemente nunca llega a ser tan adorable como con el primer hijo.

En cambio, se convierte en una etapa compleja donde prima una economía escasa y una agenda complicada de cuadrar. Con el segundo hijo, los ofrecimientos de canguro por parte de los amigos disminuyen bastante rápido, pero si se tiene suerte, los abuelos siguen ofreciéndose a ayudar.

Por otra parte, debe de ser “el segundo hijo” lo que ha hecho de Volvo lo que es hoy en día.

Las familias que siguen insistiendo en residir en esa pequeña vivienda que adquirieron al comienzo de su vida de soltero/a, pronto llegan a enloquecer por los desafíos de la vida de “compact living” y compran, tal vez de manera demasiado espontánea, un chalet en alguna zona súper cómoda de las afueras, haciendo referencia a que es lo mejor para los niños. Todos los que caen en la trampa del chalet aumentan en un 500% el riesgo de caer directamente en la trampa del monovolumen.

Dicen así adiós al deportivo de dos puertas con tantos caballos de potencia. Eligen, en su lugar, un razonable acuerdo de servicios e imparcial narcomanía de la seguridad. Por otra parte, debe de ser “el segundo hijo” lo que ha hecho de Volvo lo que es hoy en día.

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El tercer hijo

Obviamente, el tercer hijo manda al traste todo concepto de ofrecimientos de canguro y una agenda, a veces, organizada. ¡Sin más! Un viejo compañero de trabajo solía bromear diciendo que cuando nació su tercer hijo, no fue uno más sino tener que duplicarlo todo. ¡No le falta razón!

Con tres hijos, uno se convierte en multitud y, o bien los abuelos se prestan para ayudar de verdad o hay que apostar por una vida totalmente fuera de la sociedad.

Ya desde el comienzo, cada mañana se convierte en una carrera de baquetas y cada día en una lucha de supervivencia.

Ya desde el comienzo, cada mañana se convierte en una carrera de baquetas y cada día en una lucha de supervivencia. Ahora no estamos hablando de un pequeño período de adaptación. Esto es de por vida. O al menos durante una veintena de años. Uno está salvado si, en este delicado estado, ya ha podido asegurar las necesidades básicas materiales y se puede centrar en mantenerse a flote.

Hasta aquí se puede decir, en cualquier caso, que se trata de desafíos bastante razonables para las familias de hoy en día, considerando que tener tres hijos es algo bastante normal.

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El cuarto hijo

El gran cambio. Para los pocos valientes que se atreven a ir contracorriente y aventurarse a un territorio desconocido como padres de 4 hijos, les espera un cambio radical. Ni siquiera esperes que te inviten a casa de alguien, cuando hayas traído a cuatro hijos al mundo. La identidad que se tenía ha dejado de existir.

Uno se convierte en conductor de minibús desde el momento en que ese pequeño diablillo hace que la familia tenga más de 5 miembros. Y todos saben que la vida como conductor de minibús es solo el paso previo a duplicar la prole.

Ni siquiera esperes que te inviten a casa de alguien, cuando hayas traído a cuatro hijos al mundo.

Después de cuatro hijos, el número ya no importa. Así que, por qué no pruebas a cerrar los ojos, soltar los frenos y dejarte llevar. Romper la barrera del sonido. Tal vez incluso sea agradable pasar de todo vestigio de razón y soltar las riendas… O tal vez no.

Nombre: Mikael Andersson

Edad: 40

Familia: Esposa (Josefine) y tres hijos (Stella, Tintin y Sammie)

Vive en: Hisingen en Gotemburgo, Suecia

Sobre la paternidad:
Lo más importante para mí es que mis hijos crezcan como personas fuertes e independientes, que se sientan libres de ser quienes son, que no tengan miedo y que elijan su propio camino. Naturalmente, quiero que sean personas agradables y amables. Pero, sobre todo, quiero que disfruten de una vida segura y feliz. Quiero que se diviertan tanto como puedan y que nunca se conformen con menos de lo que merecen.