Lactancia – ¡sin censuras!

“He dado el pecho en el metro, en la bañera, conduciendo el coche en la autopista…” Ruth ha amamantado casi de forma ininterrumpida durante 8 años. Al principio tenía muchos prejuicios, pero después aceptó que cada madre tiene derecho a vivir la lactancia a su manera. Ésta es la historia de su lactancia; altibajos, risas, ¡y lo inesperado!

 
Foto: Johnér

En mi primer embarazo ni siquiera tenía idea de si iba a dar o no el pecho, lo que hoy me parece bastante extraño habiendo amamantado a mis dos hijos mayores hasta casi los cuatro años. Hablo de años, no de meses. Y ¡adivina! No, no soy ni hippie, ni toco la guitarra, ni me visto con ropa de caña, ni hay incienso en mi casa. ¿Demasiado estereotipo? Bueno, sí, en realidad hago todas esas cosas porque es exactamente lo que todas las madres terminan haciendo cuando se dan cuenta de que están amamantando a un niño con suficiente edad para tener todos los dientes, ¡y la capacidad de hablar y discutir sobre por qué quieren seguir “agarrados” a la teta! ¿QUÉ? Me suelen decir… ¿POR QUÉ? Otra pregunta muy común…

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Mi respuesta es siempre la misma y no tiene nada que ver con la “crianza natural”, porque no es precisamente el método que practico. O sí… Bueno, depende de cómo lo definas. Lo que quiero decir es que no necesariamente doy el pecho porque la lactancia materna sea lo mejor que existe o porque es la forma en que así quiso la naturaleza que fuese. He optado por la lactancia materna por su practicidad; no necesito, por ejemplo, tener que levantarme en medio de la noche a preparar el biberón. He elegido dar el pecho durante un tiempo tan, como diría la mayoría, prolongado porque es, repito, la opción más sencilla. Queridos amigos, soy, dicho sin pelos en la lengua, una terrible vaga…

No creas que fue fácil al principio. No.  Estoy convencida de que seguramente lo es para algunas madres, pero en mi caso no fue así. Durante semanas luché para amamantar a mi bebé, me apliqué crema para pezones una y otra vez (cuando mi condición no se trataba simplemente de pezones agrietados; mis pezones estaban hechos realmente pedazos), sufrí un episodio de mastitis y la única recomendación fue tomar un Paracetamol. Pero gané la batalla de la que me había propuesto salir triunfante al aceptar que las cosas no siempre salen como uno lo planea.

Claro que existen beneficios para mi salud y la de mis hijos, pero, en resumidas cuentas, se trata de simplificarme la vida.

¡Hoy me considero experta en la materia! Hay muy pocos lugares en los que no lo he hecho (¿a que los descansaditos y fiesteros sin hijos acaban de interpretar esta frase de una forma totalmente diferente?) He amamantado en el inodoro MIENTRAS lo usaba (les parezca o no agradable), en el metro, en la bañera, recostada en el asiento del coche y sin cinturón de seguridad mientras conducía a 110 km/h en la autopista … mientras caminaba por los pasillos del supermercado con el bebé a cuestas… A mí me ha funcionado y cuando nació mi tercer hijo no dudé en volver a hacerlo.

Claro que existen beneficios para mi salud y la de mis hijos, pero, en resumidas cuentas, es una forma de simplificarme la vida. Apta para curar lastimaduras, tranquilizar hasta las bestias y no necesita ser esterilizada. ¡Y además…la lactancia es GRATUITA!

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Ya no juzgo a las madres que no dan el pecho. Lo hice al principio cuando me sentía la mejor por haber logrado ganarle la batalla a la LACTANCIA. Me molestaba muchísimo que las madres ni siquiera lo intentaran. ¿Por qué? ¡Caramba! No tengo ni la más remota idea de por qué; a nadie debería importarle cómo las demás madres alimentan a sus bebés. Creo que simplemente me parecía tan maravilloso haberlo conseguido y me gustaba tanto, que pensé erróneamente que todo el mundo debía saberlo y que si no amamantaban a sus hijos se lo estaban perdiendo. Mis intenciones eran buenas, pero mi forma de abogar por la lactancia materna no era demasiado correcta.

Ya nos sentimos bastante subestimados en nuestro rol de padres como para encima criticarnos por las elecciones que tomamos acerca de la lactancia.

Por suerte, crecemos y aprendemos todo el tiempo y ya no soy esa tonta criticona. Sigo amando la lactancia materna y sé que es lo mejor para la madre, pero también entiendo que no es para nada agradable hacer sentir mal al otro por las elecciones que toma como madre/padre. Ya nos sentimos bastante subestimados en nuestro rol de padres como para encima criticarnos por las elecciones que tomamos acerca de la lactancia. Al fin y al cabo, ni siquiera a mí me amamantaron. Quitando cierta tendencia al sarcasmo, creo que no me ha ido tan mal…También conozco a verdaderas opositoras de la lactancia materna que han sido madres ejemplares, por lo tanto, no debe entenderse como una consecuencia a largo plazo.

Y también creo que, poco a poco y en general, la lactancia va teniendo mayor aceptación (o no). Cada vez hay más lugares públicos aptos para la lactancia, aunque me he encontrado con gente que ha hecho algún comentario negativo al respecto (me pasó una vez en el tren. Unos jovencitos comenzaron a desafiarme, pero mi mirada amenazante fue suficiente para sacármelos de encima). Por lo general a nadie le importa si das el pecho en público. ¿Por qué habría de importarles?

Pero, en fin, no me perdería la experiencia por nada del mundo y, aunque la lactancia es agotadora, me ha brindado muchos recuerdos adorables y agradables. Ya no pienso en los hombres que me gritaron en el supermercado “¡QUEREMOS LECHE!”, o las veces que me cogieron para apartarme en alguna boda u ocasión especial al mejor estilo de un especial de Cuéntame cómo pasó… Me considero increíble y maravillosamente afortunada de poder dar el pecho nuevamente. ¡Poder quedarme cinco minutos más en la cama es simplemente un detalle extra!

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Foto: Personal

Ruth Davies Knowles

Tengo 38 años, soy madre de tres niños y vivo en Norwich. Fui actriz y ahora me he transformado en una personalidad influyente. Tengo un blog Rock’n’rollerbaby y plataformas sociales como parte de mi negocio Rocknroller Baby Ltd., donde soy, de diferente forma, la delicia e irritación de mi familia ya que están obligados a contribuir. He aprendido mucho en estos 8 años desde el nacimiento de mi niña Florence, la primera. Después tuvimos a mi segundo hijo Jimmy, y por último a Raffie. Poco a poco me estoy dando cuenta de que menos es más; de que el objetivo ha de ser tener una vida tranquila. Me pasé los 4 primeros meses en el sofá observándolo y planeo continuar haciéndolo mucho tiempo más. ¡Muchas gracias!