La depresión posparto es algo escurridizo

La depresión posparto le llegó a Cat a hurtadillas después de dar a luz a su primera hija. Lee su sincero relato de cómo afectó al vínculo con su hija, cómo tomó las riendas de su salud mental y floreció como mamá.

BABYBJÖRN Revista – Madre con depresión posparto sentada en el suelo con su bebé.
“Era una tristeza que, finalmente, se convertiría en depresión posparto, aunque yo no lo quise reconocer hasta mucho más tarde.”
Foto: Johnér

Hace poco di a luz a mi segunda hija. No hubo depresión posparto. La experiencia fue eufórica. Todo lo que siempre me habían dicho sobre ser madre era cierto. Amor incondicional sobrecogedor, gozo y satisfacción, pero me sentía agobiada por un pensamiento del que no me podía liberar: si tan solo hubiera sentido esto la primera vez.

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Fue como un puñetazo en la cara. Y en el chocho.

La primera vez que di a luz, fue como un puñetazo en la cara. Y en el chocho. Emocionalmente, me sentía despojada, perdida, asustada. Físicamente me sentía como si hubiera hecho el Tour de Francia en un día, montada en una bicicleta con el sillín lleno de clavos oxidados. No estaba preparada para la transformación de la maternidad y no sabía quién o qué era lo que se suponía que yo debía ser. No me reconocía en la nueva versión de mi realidad y eso me ponía triste. Era una tristeza que finalmente se convertiría en depresión posparto, aunque yo no lo quise reconocer hasta mucho más tarde.

Cuando “baby blues” se convierte en depresión posparto

La depresión posparto es así. Escurridiza, furtiva. Toda mujer pasa los primeros días hecha un mar de lágrimas, con las hormonas desbocadas, pero lo que es más difícil establecer es cuándo ese “baby blues” normal se convierte en depresión posparto. Después de dar a luz a mi primera hija, pasó un año entero antes de que empezara a reconocer que algo andaba mal y aún más tiempo antes de que buscara ayuda para la depresión posparto.

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Pensé que la oscuridad era normal.

Había tenido depresión antes. A los 27 años se me diagnosticó y, desde entonces, he sufrido episodios ocasionales que han requerido de medicación y terapia para ayudar a recuperarme. A pesar de esta experiencia, la depresión posparto me atacó por sorpresa.

Pensé que la oscuridad era normal: había tenido un bebé, mi vida entera había cambiado, tenía un marido que estaba ausente por el trabajo, yo había dejado de trabajar, estaba flotando por la vida sin saber muy bien qué quería hacer, no estaba durmiendo, vivía de cereales del desayuno y palitos de pescado frito a medio comer y, siendo una maniática del control y perfeccionista, estaba luchando con una casa desordenada y una vida desordenada. No parecía poder seguir haciendo lo que siempre había hecho… logros. ¿Quién no iba a sentirse triste por ello?

Mis abrazos estaban vacíos, mis sonrisas eran superficiales.

Pero más indicativo de la depresión posparto era la falta de lazos con mi hija. No le hubiera hecho daño, pero me sentía entumecida. Mi cerebro racional sabía que debía cuidar de ella y estar atenta a ella. Sabía que quería verla sonreír y reírse tanto como fuera posible, pero mi corazón no lo sentía. Sentía como que no me podía conectar con ella, que mis abrazos estaban vacíos, que mis sonrisas eran superficiales.

No busqué ayuda. Luché pasando por la depresión posparto pensando que era algo normal y, finalmente, cuando me quedé embarazada de mi segundo hijo, volví a la medicación y retomé la terapia.

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Tomé las riendas de mi salud mental

La ansiedad que sentía ante la inminente llegada de mi segunda hija y mi temor de que la depresión posparto atacara de nuevo, que odiaría el primer año, que estaría contando los días hasta que se hiciera mayor, era demasiado como para cargar con ello. Tuve que sopesar los pros y los contras de estar tomando antidepresivos durante el embarazo, comparado con sentirme miserable y deprimida durante el embarazo (y ocupándome de una niña pequeña). Elegí las pastillas, y mejoré.

Elegí las pastillas, y mejoré.

Así que volvamos al principio. Mi segundo parto estuvo lleno de gozo. Al tomar las riendas de mi salud mental, reconocí a la depresión posparto como un digno oponente, pero uno que no me iba a derrotar – y florecí como madre. Desearía haber podido hacer lo mismo la primera vez y siempre tendré la sensación de culpa de no haberle podido dar a mi primera hija lo que le di a la segunda, ¿pero sabes qué? Mi hija mayor me hizo fuerte y, por ese motivo, siempre compartiremos un lazo inquebrantable.

BABYBJÖRN Revista – Retrato de Cat de Not So Smug Now y su hija Billie
 
Foto: Not So Smug Now

Cat Sims

Ex-compradora de moda, ex-profesora de inglés en secundaria, ex-manager de gira para estrellas del rock mayores.

Amante de los gatos y del vino tinto. Casada con la música y regularmente quedándome en casa cuando mi pareja sale de gira. Fundadora del blog Not So Smug Now. Apasionada por las hermanas, los padres que intentan hacer funcionar la paternidad, y la familia.

A menudo fuera de lugar, ignorando siempre los límites. Llevo 36 años en este mundo.