Historia de parto: desde el punto de vista del papá

Mikael, padre de 3 hijas, describe con sinceridad la experiencia de ser espectador de un parto y la vivencia emocional de ser padre. ¿Cuándo se presenta ese “momento más feliz”?

Recién nacida y ajena a las fuertes emociones de los padres.

Mi hija mayor (Stella) me preguntó hace poco cuál había sido el momento más feliz de mi vida. Automáticamente le contesté que cuando nacieron ella y sus dos hermanas. Luego me puse a pensar y me di cuenta de que, en realidad, nunca me había fijado en mis propias emociones durante esos partos. Naturalmente que han sido los tres momentos más revolucionarios de mi vida. Estar ahí, sosteniendo una vida en cuya creación uno ha participado. Sentir el alivio y la alegría de que todo haya salido bien. El enorme orgullo. ¿Pero es verdaderamente en ese preciso lugar y momento cuando me he sentido más feliz?

  ¿Pero es verdaderamente en ese preciso lugar y momento cuando me he sentido más feliz?

En el trascurso de diez años, en el que mis hijas han nacido en la misma maternidad, aparentemente nada ha cambiado en las instalaciones de este hospital público de Suecia.

Estas instalaciones, irónicamente, están decoradas con mobiliario y colores que resultan casi incompatibles con la vida misma. Colores pálidos, cuadros deprimentes y textiles que apenas sirven una función material básica. Muebles en maderas claras y formas poco atractivas. La máquina de café, esa única atracción que el hospital tiene para ofrecernos a los espectadores, se encuentra al fondo del pasillo. En efecto, es un fiel sirviente cuyo amargo líquido he disfrutado muchas veces, acompañado del sonido de fondo de mujeres emitiendo gritos infernales.

La admiración que siento por quienes eligen dedicar su vida a asistir en el nacimiento de los hijos de otros es incomparable.

En el otro extremo está el personal. Los profesionales, los héroes, los ángeles. La admiración que siento por quienes eligen dedicar su vida a asistir en el nacimiento de los hijos de otros es incomparable. Se me ha hecho un nudo en la garganta, de pura nostalgia, cada vez que ha sido hora de irse a casa. No solo por haberme sentido infinitamente agradecido, sino por darme cuenta de que probablemente nunca nos volvamos a ver. Y pensar que probablemente no se acordarán de ninguno de nosotros. Para ellos, a fin de cuentas, es solo un trabajo. Nunca antes, en ningún otro contexto, he sentido tanta seguridad y confianza en profesionales. Al mismo tiempo, tampoco me había sentido nunca hasta tal punto como un personaje secundario en mi propia vida.

Se había desvanecido de dolor y había retomado la consciencia.

Mis tres hijas lo son todo para mí. El parto de Stella duró veinte intensas horas antes de que naciera con una cesárea de emergencia. Esto fue toda una conmoción y recuerdo cómo me dio un ataque de pánico cuando, estando sentado con una enfermera fuera de la sala de operaciones, vi que el médico llevaba botas de goma. Tintin tardó casi un día entero en nacer. Tuvimos que quedarnos a dormir y recuerdo lo surrealista que me resultó desayunar en el comedor de maternidad con todos los nuevos papás y mamás. Ellos ya estaban listos. A nosotros todavía nos faltaba. Recuerdo lo valiente que fue Josefine, que no se vino abajo. Sammie nació después de unas pocas horas. Pero fueron horas intensas y recuerdo cómo al final, cuando las contracciones habían alcanzado su máxima intensidad, algo se quebraba y vi la mirada de asombro de Josefine. Se había desvanecido de dolor y había retomado la consciencia. Era terrible estar así, impotente, a su lado. Al mismo tiempo sentía un gran vacío emocional.

Es entonces cuando se libera toda la tensión y rompes a llorar.

Es justo después cuando afloran las emociones. Cuando me dan a mi bebé, envuelta en una mantita, y la puedo sostener en mi regazo. Cuando está ahí tumbada y me mira con los ojos entreabiertos. Es entonces cuando se libera toda la tensión y rompes a llorar. Cuando he estado en el ojo del huracán de todas las emociones. ¡No se puede describir! Pero si he de ser sincero, no es exactamente ese el momento que llamaría el más feliz de mi vida. Es un estado muy curioso, compuesto a partes iguales por felicidad, alivio y una enorme sensibilidad. El momento más feliz de todos se presenta un poco más tarde, cuando se ha calmado la tormenta emocional y uno llega a casa con su nueva y pequeña maravilla. Cuando se ha aterrizado y se siente que esto va en serio, y se puede empezar una nueva vida.


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Nos reservamos el derecho a editar tu texto si elegimos publicarlo. No se ofrece remuneración.


Nombre: Mikael Andersson

Edad: 40

Familia: Esposa (Josefine) y tres hijos (Stella, Tintin y Sammie)

Vive en: Hisingen en Gotemburgo, Suecia

Sobre la paternidad: Lo más importante para mí es que mis hijos crezcan como personas fuertes e independientes, que se sientan libres de ser quienes son, que no tengan miedo y que elijan su propio camino. Naturalmente, quiero que sean personas agradables y amables. Pero, sobre todo, quiero que disfruten de una vida segura y feliz. Quiero que se diviertan tanto como puedan y que nunca se conformen con menos de lo que merecen.