Cuando el hipnoparto no funciona

¿Funciona el hipnoparto para todas las personas? Nicola, madre primeriza, confió en este método cada vez más popular para aprender a dar a luz con hipnosis. Tenía un bebé saludable en sus brazos, así que, ¿por qué sentía que había fracasado? 

Revista BABYBJÖRN – La bloguera Nicola Friend del Reino Unido pone en tela de juicio si el hipnoparto funciona de verdad; aquí la vemos embarazada de su primer hijo.
"Me lamenté por el parto que no tuve, uno que nunca hubiera esperado de no ser por las clases de hipnoparto".
Foto: Nicola Friend

Debo empezar aclarando que sé que el hipnoparto funciona para algunas personas y, de hecho, la parte “hipno” me ayudó a atravesar una complicada sesión con el dentista, pero la mayoría de los cursos van más allá que simplemente enseñarte autohipnosis y técnicas de respiración perfectamente útiles. Os voy a contar por qué fracasé con el hipnoparto, o, mejor dicho, por qué el hipnoparto no funcionó conmigo.

¿Qué es el hipnoparto? Todo lo que necesitas saber

Por qué el hipnoparto no me funcionó

Antes de que llegues a la conclusión de que fui una estúpida por tomármelo todo tan literalmente, tan en serio, recuerda que yo estaba embarazada, me sentía vulnerable y me había apuntado a un curso denominado “educación antenatal”. Pensé, ingenuamente, que me iban a mostrar una visión de conjunto.

Tuve un embarazo bastante convencional, así que acepté la versión de nacimiento que se describía con tanta vivacidad en el libro de hipnoparto y los apacibles nacimientos que nos mostraban en los vídeos durante las clases. Se nos enseñó a centrarnos en nuestro nacimiento ideal, a escribir sobre él como si ya hubiera sucedido, y luego a visualizar esta versión de los eventos para influir en la mente subconsciente para que sintiera que el parto es algo que se debería disfrutar. Supongo que si tu parto es levemente parecido a ese sueño, no te lo planteas dos veces.

Me lamenté por el parto que no tuve.

Mi parto fue de un planeta diferente, me lamenté por el parto que no tuve, uno que nunca hubiera esperado de no ser por las clases de hipnoparto. Cada día durante meses escuché las afirmaciones que me aseguraban que mi bebé llegaría cuando estuviera listo, que mi cuerpo y mi bebé sabrían qué hacer. Esto, junto con la afirmación de que estamos en nuestro derecho de negarnos a la inducción y otras intervenciones, me hicieron sentir como si hubiera que desafiar la autoridad de los médicos, y que las comadronas tenían sus propias intenciones, que no eran el nacimiento sano y salvo de mi bebé.

Lee la historia genuina y sincera de otra mamá: Lactancia dolorosa, miedos y pesadillas

Dieciséis días después de cumplirse las cuarenta semanas, una inducción y un equipo de hábiles y expertos médicos y comadronas sacaron a mi bebé vivo, con las “pinzas de la ensalada”, después de un intento con la “aspiradora”. Ella era grande y sana, pero estaba innegablemente “recocida”. Resultó que ni mi cuerpo ni mi bebé sabían cómo hacer para sacarla de mi interior al exterior.

El curso sugería que no deberíamos escuchar ninguna historia de parto negativa, que cerráramos los oídos y nos vistiéramos con una capa de protección imaginaria. Esto significa que yo solamente escuchaba los relatos buenos, los del tipo fácil, “como un soplido”. Todo lo demás quedaba bloqueado porque, por lo que a mí respectaba, por lo que al hipnoparto respectaba, yo no iba a tener uno de esos. “Yo hago hipnoparto”, le anunciaba cantarina a cualquiera que me empezaba a contar su parto hospitalizado, médico y de emergencia: “deberías probarlo la próxima vez”.

No tenía a nadie con quien hablar, no sabía de nadie que hubiera tenido un parto como el mío, porque en mi burbuja de hipnoparto, no había querido saberlo.

Mi ingenuidad me deja atónita y me avergüenzo cuando lo recuerdo. Aparte de sentirme verdaderamente abochornada, me perdí oportunidades de hacer preguntas, preguntas que me podrían haber ayudado durante el parto, como “¿qué pasa cuando usan fórceps?”.  Después de haber pasado por un parto asistido, con un bebé que no podía levantar de puro dolor y agotamiento, por no mencionar un ego magullado, me sentía como un absoluto fracaso. No tenía a nadie con quien hablar, no sabía de nadie que hubiera tenido un parto como el mío, porque en mi burbuja de hipnoparto, no había querido saberlo.

Lee otra historia acerca de preparación del parto con hipnoparto

Mencioné mis sentimientos acerca del hipnoparto hace algún tiempo en las redes sociales y recibí un email de una comadrona que me dio mucho que pensar. Me escribió que está totalmente a favor de cualquier cosa que ayude a las mujeres a lidiar con el parto, pero que le cuesta cada vez más trabajo apoyar y las mujeres “hipnopartistas” que quieren contradecirla en cada momento. Yo era una de esas mujeres. A todo el equipo de comadronas y médicos pacientes, amables y fantásticamente buenos profesionales: lo siento.

Lo último que necesita una mujer, después de dar a luz a su bebé, sea como sea que diera a luz, es sentirse fracasada.

He pensado muchísimo en cómo un curso con tan buenas intenciones salió tan mal para mí, y creo que se resume en esto: al intentar eliminar el miedo al parto, han creado una burbuja color de rosa. Esto tal vez haga que las mujeres se sientan más relajadas antes del parto, pero cuando las cosas no salen de la forma esperada, cuando la burbuja se rompe y te das cuenta de que el hipnoparto no ha funcionado, la caída puede ser traumática. Lo último que necesita una mujer, después de dar a luz a su bebé, sea como sea que diera a luz, es sentirse fracasada.

El hipnoparto parece consistir en caminar por la delgada frontera entre las posibilidades anheladas y la bendita ignorancia. Para mí, no funcionó.

¡Aquí puedes leer todos los artículos de Nicola!

Revista BABYBJÖRN – Retrato de la directora artística, bloguera y mamá Nicola Friend.
 
Foto: Nicola Friend

Nicola Friend

Tengo 31 años y soy directora artística, escritora y fotógrafa. También soy mamá primeriza de una pequeña que nació en diciembre de 2016. Tengo diez años de experiencia en la industria de las revistas. Actualmente estoy de baja por maternidad de la revista Gurgle, donde era directora artística, diseñadora de impresión y web, y creadora de historias fotográficas. Vivo a las afueras de Londres, en una vivienda que necesita muchos arreglos. ¡Tenemos la intención de terminar de reformarla antes de que nuestro bebé empiece a gatear!